La luna no sabe que sale de noche, que viaja lentamente por los tejados, bordados en las sábanas. Se desconoce a si misma. Ni siquiera recuerda, que es luna. Hay mares que actuan como cielos de luna. Le prestan estrellas, para que se sienta como en casa. Y hay tierras que actuan como cielos de luna en primavera. Le prestan mariposas, para que no equivoque su camino. La luna se pasea por cielos amarillos y naranjas. Se ensimisma de soledad, disfrazándose de luna llena y de media luna. Hay noches en las que la luna quiere ser azul, y otras de chocolate, para endulzar los sueños. Una noche espléndida. La luna descansa en una cama de rascacielos.
La luna pasea por campos de naranjos exprimiendo el zumo para el desayuno de la mañana.